Imaginemos una gran maquinaria formada por miles de engranajes que trabajan coordinadamente para alcanzar un objetivo. Esa maquinaria es la Administración Pública y la burocracia forma parte de ella. Su función debería ser clara: organizar, garantizar la transparencia y facilitar el funcionamiento de los servicios públicos. En definitiva, la burocracia debe estar al servicio de las personas, no al revés.

Sin embargo, cuando esa maquinaria crece sin medida, corre el riesgo de olvidar para qué fue creada. Los procedimientos comienzan a ser más importantes que las personas y cumplir un trámite acaba teniendo más valor que resolver un problema. En educación, esta realidad se percibe cada día con mayor intensidad.

Hoy un docente no solo enseña, evalúa y acompaña a su alumnado. También dedica una parte creciente de su jornada a elaborar informes, registrar datos en plataformas, cumplimentar procedimientos, redactar actas, adaptar documentación y mantenerse al día de una normativa que cambia constantemente. Los equipos directivos, además, asumen la gestión del centro, la organización del personal, la interpretación de nuevas instrucciones, la elaboración de memorias, la relación con la Administración y tareas administrativas cada vez más complejas.

Un ejemplo reciente es la actualización del inventario de los centros educativos en Canarias. Se trata de revisar y validar cada recurso existente, una labor que exige muchas horas de trabajo y que se impone prácticamente con los mismos requisitos a un gran instituto que a una pequeña escuela rural con una única persona en el equipo directivo. Resulta inevitable preguntarse si quienes diseñan estos procedimientos conocen realmente el funcionamiento diario de un centro educativo.

El problema no es que exista burocracia. El problema aparece cuando ocupa el lugar de la educación. Cuando un docente invierte más tiempo en diseñar, redactar y justificar una actividad que en llevarla a la práctica con su alumnado.

Cuando el esfuerzo y el tiempo necesarios para explicar sobre el papel lo que se va a hacer son mayores que los dedicados a diseñar una actividad que responda realmente a las necesidades de cada niño y cada niña, e incluso superiores al tiempo que esa actividad ocupará finalmente en el aula.

Cuando el procedimiento termina siendo más importante que el propio aprendizaje.

Cuando un coordinador invierte más horas en cumplimentar documentación que en coordinar equipos. Cuando un director termina la jornada sin haber podido entrar en un aula porque ha estado respondiendo requerimientos administrativos.

Ese es el verdadero coste invisible de la burocracia. No son solo los papeles o las plataformas digitales; es el tiempo que deja de dedicarse al alumnado, a la atención a la diversidad, a la coordinación entre docentes, a la innovación educativa y a las familias. Es también el desgaste emocional de miles de profesionales que sienten que cada nueva obligación administrativa les aleja un poco más de la razón por la que eligieron esta profesión: dedicar su tiempo a enseñar, acompañar y transformar vidas, no a cumplir procedimientos.

A esta situación se suma la falta de planificación. Las nuevas resoluciones, protocolos e instrucciones llegan con frecuencia con plazos muy ajustados, obligando a reorganizar centros, modificar documentos e interpretar extensas normativas en muy poco tiempo. Cada nuevo procedimiento consume horas de trabajo que nunca se recuperan y que terminan restándose a la labor educativa.

Desde INSUCAN creemos que ha llegado el momento de devolver a la burocracia su verdadero papel: ser una herramienta y no un obstáculo. Defendemos la simplificación de procedimientos, la eliminación de duplicidades, la mejora de las plataformas digitales para que realmente ahorren tiempo, la incorporación de más personal administrativo en los centros y una planificación responsable por parte de la Consejería que permita organizar los cambios con suficiente antelación.

La calidad de un sistema educativo no se mide por el número de informes que genera, sino por el tiempo que sus profesionales pueden dedicar a enseñar, acompañar y atender a su alumnado.

Porque cada hora que un docente invierte en burocracia es una hora que deja de invertir en una persona.

Y la educación solo mejorará cuando volvamos a situar a las personas en el centro del sistema.

Reset password

Ingrese su dirección de correo electrónico y le enviaremos un enlace para cambiar su contraseña.

Powered by Estatik