No es una promesa electoral. No es una recomendación. Es una ley.
La Ley Canaria de Educación estableció que, antes de septiembre de 2022, el Gobierno de Canarias debía destinar, como mínimo, el 5 % del PIB de Canarias a la educación no universitaria.
El plazo terminó. La ley sigue vigente. Y los distintos gobiernos de Canarias continúan sin cumplirla.
Pero quizá el 5 % te parezca una cifra lejana. Un porcentaje perdido entre presupuestos, discursos y estadísticas.
No lo es.
Ese dinero que falta entra cada mañana contigo en el aula.
Lo ves cuando tienes delante a casi treinta alumnos, varios de ellos con necesidades específicas de apoyo educativo, y comprendes que no podrás atenderlos como merecen. No porque te falte vocación o preparación, sino porque una sola persona no puede hacer el trabajo de tres.
Lo ves cuando un alumno con TEA, TDAH, discapacidad o graves dificultades emocionales necesita ayuda, pero el especialista comparte varios centros, el apoyo no llega o la valoración tarda meses. Mientras la Administración espera, ese niño pierde oportunidades que quizá nunca recupere.
Lo ves cuando falta un compañero y su sustitución no llega; cuando desaparecen apoyos, se eliminan desdobles y el resto del profesorado vuelve a cubrir lo que la Administración no ha previsto.
Lo ves cuando no se te paga el verano después de haber trabajado todo el curso. Cuando tardas diez meses en cobrar un sexenio que ya te pertenece. Cuando tienes que reclamar una y otra vez para recibir un dinero que nadie discute que es tuyo.
Lo ves cuando aceptas un destino en otra isla y buena parte de tu sueldo desaparece en alquileres, desplazamientos y dobles residencias. Cuando trabajar significa separarte de tu familia y casi pagar por ejercer tu profesión.
Lo ves cuando impartes clase con un calor insoportable, sin climatización ni sombra; cuando aparecen goteras, las ventanas permanecen rotas durante meses o un alumno con movilidad reducida no puede acceder dignamente a todos los espacios.
Lo ves cuando dedicas tardes y noches a informes, aplicaciones, actas y trámites repetidos, mientras te falta tiempo para preparar tus clases, corregir con calma o hablar con la familia de ese alumno que sabes que necesita ayuda.
Lo ves cuando una madre te cuenta que su hijo está sufriendo y no hay orientadores, auxiliares o profesionales suficientes para intervenir a tiempo. Y vuelves a asumir tú, con tu tiempo, tu salud y tu desgaste, una responsabilidad que debería sostener todo el sistema.
Lo ves cuando la ansiedad se normaliza en los claustros, cuando compañeros enferman por agotamiento y cuando docentes con verdadera vocación empiezan a contar los días que les quedan para jubilarse.
Y lo ves cuando llegas a casa cansado, frustrado y con la sensación de que podrías haber hecho mucho más por tus alumnos si hubieras contado con más tiempo, más personal y más recursos.
Por eso, cuando un Gobierno incumple el 5 % del PIB, no incumple solamente una cifra.
Está decidiendo que ese alumno siga esperando.
Está decidiendo que esa clase continúe masificada.
Está decidiendo que ese compañero tarde en ser sustituido.
Está decidiendo que tú sigas esperando para cobrar.
Está decidiendo que continúes compensando con tu tiempo, tu dinero y tu salud aquello que la Administración no ha querido financiar.
Cada décima que no llega a educación tiene una cara y un nombre.
Puede ser la del alumno al que no pudiste atender.
Puede ser la de la compañera que enfermó por agotamiento.
Puede ser la del interino que volvió a quedarse sin trabajo.
O puede ser la tuya.
Y aquí no cabe la indiferencia.
Pensar que “esto no va conmigo”, que “no se puede hacer nada” o que “esto es lo que hay” no es una postura neutral. La resignación es exactamente lo que necesita cualquier poder político: un profesorado cansado, dividido, silencioso y convencido de que su participación no sirve para nada. Ese es el relato que nos han vendido y , quizás, hayas comprado.
Pero quien enseña pensamiento crítico no puede practicar la resignación. Quien pide a su alumnado que participe, cuestione y defienda sus derechos no puede aceptar pasivamente que los suyos sean ignorados.
El incumplimiento continuado de esta ley demuestra que hoy es más necesario que nunca un sindicalismo real, independiente de gobiernos y partidos, que no cambie sus reivindicaciones según quién ocupe el poder.
Docentes de Canarias-INSUCAN defiende el 5 % del PIB porque significa más empleo, mejores retribuciones, plantillas suficientes, centros dignos, una Administración eficaz y una atención adecuada al alumnado.
Apoyar a INSUCAN es una manera concreta de decir que no aceptas seguir pagando con tu salario, tu tiempo, tu salud y las oportunidades de tus alumnos el incumplimiento de quienes gobiernan.
No reclamamos un favor.
No mendigamos una concesión.
Exigimos que se cumpla la ley.
Porque la educación es la mejor inversión de todos, para todos, para el presente y para el futuro.
El 5 % del PIB no se mendiga. Se exige.