El mayor enemigo de lo público no está fuera.
Está dentro.

Nos dicen que lo público no funciona.
Que es caro.
Que es lento.
Que es ineficiente.

Y que, claro…
“no queda otra” que privatizar.

Curioso.

Porque lo que nunca dicen es esto:

  • quién lo ha gestionado mal
  • por qué
  • qué consecuencias hay para los que lo han hecho mal
  • y a quién beneficia exactamente ese “fracaso”

La realidad es más simple.
Y más incómoda:

primero destrozan el servicio público… y luego lo venden como chatarra.
A precio de saldo.
A los de siempre.

Esto no es casualidad.
Es un método.

El método de la ranita:
subir el fuego poco a poco para que nadie salte.

Un recorte hoy.
Una externalización mañana.
Un “no hay presupuesto” pasado mañana.

Y cuando la gente se da cuenta…
ya es tarde.

Lo estamos viendo en sanidad.
En correos.
En la energía.

Y si no se frena, llegará a la educación.
A tu trabajo.
A tu dignidad profesional.

Porque al final, lo que es de todos acaba en manos de unos pocos:
grandes empresas, fondos de inversión…
gente que no sabe ni dónde está Canarias,
pero decide sobre nuestras vidas, sin que les importes una mierda.

¿Y sabes qué es lo que más les molesta, lo que más temen de todo esto?

La unión REAL de los trabajadores.

Por eso temen a los sindicatos independientes.
A los que no obedecen siglas, ni a colores ni a doctrina política alguna.
A los que no viven de subvenciones.
A los que no deben favores.

A los sólo se deben a sus afiliados.
Los sindicatos así son amenaza real para quienes prefieren docentes callados, dóciles, cobardes, cansados, saturados, mediocrizados, obliguistas  y, sobre todo,  DIVIDIDOS.

Porque si tú no haces nada…
otros ya están haciendolo…estan gestando su jugoso negocio con tu silencio.

Y no lo dudes…te robaran el pan de la boca.

Te robaran tus derechos, tu dignidad, tu respeto, tu pretigio

es mas…sabes y sientes que ya lo están haciendo

Porque hay algo todavía más peligroso que los recortes.
Más dañino que la privatización.
Más destructivo que la incompetencia política.

La división entre docentes.

El que acepta el clasismo de:

  • “funcionario de carrera vs interino”
  • “equipo directivo vs docente”
  • “lo mío primero”
  • “ a mi me da igual porque yo ya soy intocable”

no es neutral.

 Es cómplice.

Cómplice del deterioro del sistema.
Cómplice del engaño.
Cómplice de quienes necesitan a los docentes enfrentados para seguir robando lo público sin resistencia.

Porque nuestra división no es casualidad,  no es un error.
Es su estrategia.

Y quien compra ese discurso no demuestra realismo.
Demuestra ceguera.
Y, peor aún, cobardía.

Pensar que la desunión y el “yo me salvo solo” llevan a algún sitio
es no haber entendido absolutamente nada.

Nada de historia.
Nada de derechos laborales.

Nada de la lucha de muchos compañer@s en el pasado
Nada de cómo funciona el poder en la sombra.

Ha llegado el momento de decirlo claro:

Los docentes deberían ser el espejo en el que mirarse los jovenes.
No el colectivo del que burlarse.
No el grupo al que ningunear, insulta o incluso agredir.

No el colectivo al que restregarle en la cara que es una clase acomodada y vaga.

Pero… ¿qué ven muchos jóvenes hoy?

Ven miedo.

Ven cobardía
Ven silencio.
Ven gente agachando la cabeza para conservar una migaja más que el de al lado.

Ven desunión

¿Te suena?

Y ojo con esto:

Cuando no se lucha por lo público…
cuando no se defiende a todo compañero docente, sea interino, de carrera, novel o veterano…
cuando nos quedamos indiferentes mientras se “invita” a salir de centros concertados a alumnado NEAE porque “no es rentable”…

Eso es ser cómplice

Y todo esto pasa…
Paso a paso.
Muy despacio.
Para que no lo veas.

Mientras tu estas inundado de papeles, de burocracia, de reclamaciones caprichosas, de porcesos selectivos sin sentido…

¿te suena de algo?

Y no, no todo vale bajo el nombre de “sindicato”.

 “Sindicatos” preocupados solo por chupar ayudas, subvenciones
y por gestionar el negocio de unas oposiciones trasnochadas
no es un sindicato.

Es un tentáculo más del problema.

Es una rémora que vive al margen de los verdaderos problemas de los docentes
Es un engranaje necesario y complice para que la privatización avance sin ruido.
Para que el sistema se degrade sin oposición real.

Hoy solo hay dos caminos.

Y conviene decirlo claro, sin rodeos:

 O eres valiente.
Defiendes tu dignidad profesional.
Haces piña.
Apuestas por un sindicalismo real, independiente y sin dueños.

 O sigues justificando tu miedo.
Tu cortedad de miras.
Y te consuelas pensando que, al menos,
 tienes una mierda menos que el de al lado.

Ahora mírate al espejo.
Y dite a ti mism@ lo que ves.
Con honestidad.
Sin autoengaño.

Decide qué quieres ser.
Por qué quieres apostar.

¿O  sólo eres de los conformarte ?

Porque no decidir…
también es decidir.