El próximo 29 de abril no es una fecha más en el calendario. Es, probablemente, una de las últimas oportunidades que tenemos como colectivo para hacernos escuchar y para exigir un cambio real en una situación que se ha prolongado durante demasiado tiempo.
Durante años, el profesorado interino ha sostenido el sistema educativo en condiciones marcadas por la inestabilidad, la incertidumbre y, en muchos casos, el abuso. Hoy, incluso desde Europa, se ha reconocido esta situación de fraude en la temporalidad. Sin embargo, las soluciones no llegan. Y cuando las vías de diálogo y negociación se agotan, solo queda una herramienta legítima: la movilización.
Una decisión clave para el profesorado interino
Para quienes hoy se encuentran en situación de interinidad, esta huelga tiene un significado especialmente profundo. Sabemos que parar no es fácil. Supone un esfuerzo, implica una pérdida económica y requiere dar un paso que muchas veces cuesta. Pero también es necesario mirar más allá del corto plazo.
No estamos hablando únicamente de un día de salario. Estamos hablando del futuro profesional de miles de docentes. De la posibilidad de seguir ejerciendo su labor con estabilidad, con dignidad y con garantías. Si no actuamos ahora, el riesgo es claro: ceses, indemnizaciones insuficientes y una incertidumbre total sobre la continuidad en el sistema.
Por eso, esta huelga no es solo una protesta. Es una decisión. Es una forma de decir que no aceptamos seguir en esta situación.
Una responsabilidad compartida por todo el profesorado
Pero esta no es una cuestión que afecte únicamente a quienes hoy son interinos. Es un tema que interpela a todo el profesorado.
Muchos docentes funcionarios han pasado por la interinidad o han compartido su día a día con compañeros que llevan años en esta situación. Conocen la realidad. Saben lo que implica la rotación constante, la falta de estabilidad y la inseguridad profesional.
La educación pública no se construye de forma individual, sino colectiva. Y cuando una parte del profesorado sufre, el sistema en su conjunto se resiente. La división nos debilita. La unidad nos fortalece.
Por eso, el apoyo del conjunto del profesorado es fundamental. Porque hoy puede afectar a unos, pero mañana puede afectar a otros. Y porque defender la justicia dentro del sistema es una responsabilidad compartida.
La estabilidad como base de una educación de calidad
Hay una idea que no podemos perder de vista: la estabilidad del profesorado no es solo una cuestión laboral, es una cuestión de calidad educativa.
Un docente con estabilidad trabaja en mejores condiciones, con mayor tranquilidad y con una implicación sostenida en el tiempo. Puede conocer a su alumnado, generar vínculos, desarrollar proyectos a largo plazo y formar parte activa de la comunidad educativa.
Por el contrario, la inestabilidad genera rotación, dificulta la continuidad pedagógica y afecta directamente al funcionamiento de los centros. Y, en última instancia, repercute en el alumnado y en la sociedad.
Defender la estabilidad es, por tanto, defender una educación pública más fuerte, más coherente y de mayor calidad.
Es el momento de parar y hacernos sentir
El 29 de abril no es solo una jornada de huelga. Es una oportunidad para que el sistema sienta la ausencia del profesorado, para visibilizar que somos una pieza imprescindible y que, sin nosotros, la educación no funciona.
Es el momento de hacernos valer, de defender nuestros derechos y de decir basta. Basta de precariedad, basta de inacción, basta de mirar hacia otro lado ante una situación que lleva demasiado tiempo normalizándose.
Porque el profesorado está cansado. Cansado del abuso, de la falta de soluciones y de que la Consejería siga sin dar una respuesta real a un problema que afecta a miles de profesionales.
Parar es una decisión. Pero también es una forma de decir: hasta aquí hemos llegado.