Análisis y reflexión desde Docentes de Canarias-INSUCAN

La realidad educativa en nuestro archipiélago está experimentando una transformación profunda que requiere una mirada técnica y, sobre todo, humana. Desde Docentes de Canarias-INSUCAN observamos con atención el fenómeno que muchos ya denominan “la ola invisible”, un crecimiento sin precedentes del alumnado con Trastorno del Espectro Autista (TEA) que está redefiniendo el día a día en nuestros centros escolares.

La realidad en cifras:

Los datos no dejan lugar a dudas. Según las estadísticas de la Consejería de Educación y los informes del Consejo Escolar de Canarias, la evolución ha sido vertiginosa. En apenas un lustro, Canarias ha pasado de atender a unos 3.000 alumnos con TEA a superar los 6.400 en el presente curso.

Este incremento coincide con tendencias globales similares: por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Estados Unidos reportaron un aumento continuado en la identificación de TEA entre niños de 8 años, pasando de 1 de cada 44 en 2018 a 1 de cada 31 en 2022. Los expertos señalan que parte de este aumento puede reflejar mejoras en la detección y criterios diagnósticos, así como factores ambientales y de salud pública que aún se investigan.

Desde Docentes de Canarias-INSUCAN, advertimos que este incremento no ha ido acompañado de un aumento proporcional de los recursos humanos. La saturación de recursos como orientadores, maestros de Audición y Lenguaje (AL) y de Pedagogía Terapéutica (PT) es evidente. Esta falta de personal no solo es una carencia administrativa; es un obstáculo directo para la calidad de la enseñanza y el bienestar docente.

 La “Generación Post-COVID”: ¿Por qué este aumento?

Como sindicato comprometido con la realidad social, nos sumamos a la reflexión sobre el origen de este repunte. Los niños nacidos entre 2019 y 2021 vivieron sus primeros mil días —esenciales para el desarrollo del cerebro— en un entorno de privación social sin precedentes.

  • Estrés prenatal y desarrollo neurológico: La ciencia señala que situaciones de estrés materno elevado pueden influir en el desarrollo fetal y en posteriores trayectorias neuropsicológicas. Estudios experimentales y modelos biológicos proponen que la inflamación prenatal y el estrés pueden modificar procesos neuroinmunometabólicos ligados a condiciones del espectro autista.
  • Privación socio‑emocional y confinamiento: Aunque los datos sobre un incremento directo del riesgo de TEA tras el confinamiento son mixtos (por ejemplo, un estudio en JAMA Network Open no encontró aumento en el riesgo de TEA general entre cohortes nacidas durante la pandemia).

El impacto social y educativo es claro:

  • Socialización reducida: La pandemia limitó severamente las interacciones cara a cara y la exposición a pistas sociales clave, esenciales para la adquisición de habilidades de comunicación y empatía en la primera infancia
  • Desordenes emocionales y conductuales: Investigaciones internacionales muestran que durante el confinamiento los niños con TEA experimentaron un incremento de problemas emocionales y conductuales, derivados del aislamiento, la interrupción de rutinas y la falta de acceso a terapias de desarrollo.
  • Acceso a servicios y detección temprana: Los CDC informan que la pandemia alteró significativamente los procesos de identificación temprana de TEA, con retrasos en las evaluaciones diagnósticas que podrían tener efectos duraderos.

 Interpretando los datos: Más diagnósticos o factores reales?

Es importante diferenciar dos fenómenos interrelacionados:

  • Mejora en la detección y concienciación:
    El aumento de casos puede en parte deberse a mejores prácticas diagnósticas y mayor visibilidad del espectro. Muchos sistemas de salud y educación han ampliado programas de cribado y vigilancia, lo que aumenta el número de diagnósticos registrados.
  • Efectos del contexto pandémico:
    Aunque estudios sobre si la pandemia causó un aumento real en la incidencia de TEA son inconclusos (algunos no muestran incremento de riesgo en niños expuestos al SARS‑CoV‑2 in útero), otros sí hallan cambios en la conducta y desarrollo socioemocional ligados al confinamiento y la interrupción de los servicios.

En cualquier caso, incluso en ausencia de un factor causal definitivo, la evidencia indica con claridad que las respuestas sanitarias y educativas durante la pandemia influyeron en el acceso al diagnóstico y en el bienestar de las familias y niños con TEA.

Propuestas de mejora desde Docentes de Canarias-INSUCAN

Ante esta situación, proponemos líneas de mejora urgentes para el sistema educativo canario:

  • Revisión urgente de ratios: Reducir el número de alumnos por aula cuando exista presencia de alumnado con necesidades educativas especiales (NEAE) para permitir una inclusión real.
  • Dotación de plantillas: Incremento estable de maestros de AL y PT, evitando la itinerancia para asegurar apoyos diarios y efectivos.
  • Refuerzo de la detección temprana: Agilizar los diagnósticos a través de los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica (EOEP) para que los recursos lleguen a los alumnos en etapas de alta plasticidad cerebral.

Los datos científicos y estadísticos disponibles nos obligan a considerar no solo el número creciente de casos de niños/as con  TEA, sino también cómo el contexto educativo y social ha condicionado el desarrollo y el bienestar de la “Generación Post-COVID”.

Desde Docentes de Canarias-INSUCAN, seguiremos trabajando para que cada alumno/a encuentre en nuestras escuelas el apoyo integral, la comprensión y la inclusión que merece.