Mientras la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias presenta con optimismo los resultados del estudio internacional TALIS, donde se destaca la satisfacción laboral del profesorado, la realidad que se vive en muchos centros educativos es muy distinta.
El profesorado ama su profesión y su compromiso con el alumnado es indiscutible. Sin embargo, cada vez más docentes están pagando ese compromiso con su propia salud mental.
Los datos reflejan una situación preocupante. En los últimos cinco años, las bajas laborales por trastornos psicológicos han aumentado más de un 112% en Canarias, situando a la comunidad entre las que registran mayor absentismo laboral por problemas de salud mental y dolores asociados al estrés. A ello se suma el incremento de conflictos en los centros educativos: solo en un año se registraron 171 casos graves atendidos por el Defensor del Profesor, muchos de ellos relacionados con ansiedad, estrés o depresión derivados de la presión laboral.
El contexto social también influye. En una comunidad con altos niveles de vulnerabilidad social, el alumnado llega a las aulas con problemas emocionales cada vez más complejos. El profesorado, sin los recursos ni la formación especializada necesaria, termina asumiendo una carga emocional enorme.
A esta situación se suman problemas estructurales del sistema educativo: burocracia excesiva, ratios elevadas, falta de especialistas de apoyo y una sensación de desprotección ante conflictos con alumnado o familias. Todo ello está llevando a muchos docentes al límite del burnout o síndrome del trabajador quemado.
Ante esta realidad, INSUCAN exige medidas urgentes:
• Aplicación efectiva de la Ley de Autoridad del Profesorado, garantizando asistencia jurídica real y automática.
• Creación de una Unidad de Atención al Docente (UAD) con apoyo psicológico especializado y preventivo.
• Reducción de ratios y carga lectiva para mejorar las condiciones de trabajo.
• Simplificación urgente de la burocracia administrativa.
• Reconocimiento del estrés y la ansiedad docente como enfermedad profesional.
Desde INSUCAN lo tenemos claro: la salud mental del profesorado no puede seguir ignorándose. La calidad de la educación pública depende directamente del bienestar de quienes la sostienen cada día en las aulas.